La Educación Infantil es una etapa clave en la vida de los niños y niñas. No solo aprenden colores, números o palabras nuevas, sino que comienzan a descubrir quiénes son y cómo se sienten. En este proceso, la gestión emocional juega un papel fundamental.
Gestionar las emociones no significa evitar que los niños se enfaden, se frustren o se pongan tristes. Al contrario, significa ayudarles a reconocer lo que sienten, ponerle nombre a esas emociones y aprender formas adecuadas de expresarlas. Cuando un niño entiende que está enfadado porque algo no ha salido como esperaba, da el primer paso para poder calmarse y buscar soluciones.
En edades tempranas, el cerebro está especialmente preparado para aprender. Por eso, trabajar la gestión emocional en Educación Infantil es tan beneficioso. Los niños que aprenden a identificar sus emociones desarrollan mayor autoestima, se sienten más seguros y confían más en sí mismos. Además, suelen relacionarse mejor con los demás, ya que comprenden que todos sentimos cosas distintas y que es importante respetarlas.
En el aula, la educación emocional favorece un clima más tranquilo y positivo. Se aprende a esperar turnos, a expresar lo que necesitan con palabras y a resolver pequeños conflictos de manera pacífica. Todo esto no solo mejora la convivencia escolar, sino que también sienta las bases para futuros aprendizajes.
Las familias y la escuela, trabajando juntas, pueden acompañar al alumnado en este camino. Escucharles, validar sus emociones y dar ejemplo con nuestras propias actitudes es esencial.
Invertir tiempo en la gestión emocional en Educación Infantil es sembrar bienestar, empatía y equilibrio para el futuro. Porque un niño que aprende a entender lo que siente, será un adulto más capaz de entenderse a sí mismo y a los demás.
José Antonio Reguera Bueno – Tutor 3º Ed. Primaria y Docente de la Etapa de Infantil